29 de diciembre de 2011

Torre





Con un velo secreto
que guarda la noche
capaz soy de llegar a todos los rincones
y no se dan cuenta

Las horas pasan raudas
aunque algunas veces ingratas
me quedo en cualquier alfeizar
vigilando, esperando
y ese velo
me hace invisible

En la esquina duerme el perro
un vagabundo decide acompañarle
en esa, esa callejuela
dos amantes se reúnen
y más allá la señora Carmelina prepara la cena
es tarde para los juegos de niños
comienzan los de los adultos
cuando la noche se adentra
y el velo nos cubre a todos

Con la copa en la mesa
un cigarrillo como compañía
dos mesas más allá alguien me nota
luego me sonríe
ofrecería que se acercara
no sirvo para esas cosas
no lo necesito
se acerca de todas formas
pensé que era invisible
o muy insignificante
veo que no
¿qué juego se trae?
Le extiendo mi mano
le entrego mi torre
extiende la suya
otra torre
Le sonrío y me alejo

13 de noviembre de 2011

Isa y Magda (Parte Final)



Ninguna de las dos se imaginaba lo que ocurriría ese día.
Ambas, cada una por su parte, había anhelado que algo así ocurriese; lo deseaban desde hace un buen tiempo atrás, pero entre sus más locas fantasías, la idea de ser correspondidas no tenía cabida alguna. El amor entre dos mujeres aún es tabú en su cultura.

Secretamente, y desde el día que se conocieron, habían desarrollado un lazo demasiado estrecho, tanto que para quien fuera un buen observador, sería muy evidente que algún sentimiento más allá de una simple amistad sucedía entre las dos. Sin embargo, los cariños y el buen trato entre dos mujeres siempre será muy propio de las amigas y ellas, cada quien por su lado y sin querer hacer relucir sus sentimientos, se aprovechaba de eso para lograr cualquier tipo de acercamiento.

Siempre se las vió muy cariñosas y unidas. Eran reticentes a dejar entrar a otras chicas a su círculo amistoso, porque a ambas les provocaban unos celos enormes de que la otra la dejase por el cariño de una tercera muchacha. Este acuerdo era tácito y ambas lo aceptaron sin tener que discutirlo. Además, las compañeras del Liceo daban por entendido que ninguna de las dos deseaba nuevas amistades. Eran ellas dos y nadie más.

La conexión entre ellas se dio en un instante. Magdalena, desde el primer momento que vió a Isadora, sintió un profundo afecto por ella, 'le echó el ojo' como se diría y sin miramientos se acercó decididamente a ella y le ofreció su amistad, acto que Isadora agradeció profundamente, ya que no conocía a nadie más en el Liceo.

Durante esos primeros días se contaron la vida entera y poco a poco fueron creando y fortaleciendo un vínculo que las uniría de por vida.

Magdalena era una chica reservada, pero de carácter fuerte y decidido. Vivía con su madre, su abuela y su gata, Marquesa. El padre, harto de ser 'gorreado' por su esposa, se marchó un día y no volvió más. Por un tiempo se mantuvo en contacto con Magdalena, y le enviaba dinero y presentes por correo, hasta que la correspondecia fue cada vez más reducida y discontinua, para luego ser nula. Magdalena lamentó por muchos años el abandono de su padre, pero lo entendía perfectamente, porque nadie podría aguantar una pareja que no podía mantenerse monógama.

La madre de Magdalena era una mujer coqueta por esencia. Siempre se le vió muy arreglada para salir en cualquier minuto del día. No era para nada una ama de casa abnegada, todo lo contrario, puesto que para eso había llevado a su madre a vivir con ellos. Era despreocupada y solo le interesaba salir con las amigas o seducir caballeros. Magdalena le conoció varios pololos, ninguno serio, ya que su mamá era la típica 'Olguita Marina', se veía un tanto presionada y corría despavorida. Lo que era imposible para su madre era mantenerse soltera. Siempre necesitaba un hombre que la alabara y le consintiera en su caprichos. Con lo buena moza que era, no faltaba el joven o el caballero que dispusiera sus cumplidos y su billetera a cambio de favores amorosos.

Magdalena odiaba que su madre fuera así, pensaba que era una vendida, por no decir algo peor, porque, más que mal, era su madre. Siempre creyó que su comportamiento había gatillado en ella el rechazo hacia los hombres. Inconcientemente, Madgalena creía que, si se interesaba por un chico, terminaría igual a su madre. Sin embargo, nunca se imaginó tampoco que podían interesarle las chicas, hasta que conoció a Isadora.

Isadora, por su parte, también venía de una familia rota. Desde muy pequeña presenció las peleas que tenían sus padres y las constantes amenazas de su padre con irse de la casa. Los problemas que tenían sus padres eran netamente económicos, ya que la madre de Isadora se casó con el padre por puro interés. Siempre muy arribista, creyó que el padre de Isadora era un buen partido, ya que siendo un empresario independiente podría otorgarle la vida lujosa que siempre quizo y que no tuvo de pequeña por provenir de una familia pobre.

Las continuas presiones por dinero por parte de la madre de Isadora hacia el padre es ésta, hizo que él entrara en un estado de estrés severo, lo que provocó que muchas noches él no llegara a la casa, embriagándose por ahí con cualquiera que estuviera dispuesto a acompañarlo.

Isadora, a pesar de ser hija única, estaba siempre en la mira de sus padres. No podía hacer nada que ellos desaprobaran, ya sea por carpicho o por falta a la moral. Siempre le exigieron las mejores calificaciones y sólo si era sobresaliente, sería premiada con lo que quisiese. Pero ella era brillante y no necesitaba del método conductista de enseñanza de sus padres para hacer y/o lograr algo. Isadora sabía muy bien que sus padres se mantenían juntos por ella y su sobreprotección se debía a que no tenían nada mejor que hacer en casa, aparte de peliarse entre los dos. Ella era lo único que tenían aún en común.

El notición de tener una hija lesbiana, cuando la madre de Isadora leyó su diario íntimo, fue la gota que revalsó el vaso y fue la excusa perfecta de su padre para abandonar ese hogar caótico. La familia se desmoronó y el padre tomó sus cosas, alquiló un departamento en Providencia y se fue de una vez por todas, llevándose consigo a Isadora y dejándole todas sus riquezas a la madre de ésta, para así evitar cualquier disputa por dinero y lograr la paz que tanto anheló por años.

A Isadora, la ruptura del matrimonio de sus padres no le afectó en lo absoluto. Vivir lejos de su aprensiva madre fue casi una bendición. Sus constantes regaños la tenían al borde de la histeria y sus padres, con el correr del tiempo, se volvieron más permisivos, aunque igual de exigentes. Si bien habían hecho un acuerdo de que un guardaespaldas la seguiría a todos lados, ella ideó métodos para recuperar la confianza perdida y obtener un poco más de libertad. Todo lo que quería era volver a ver a Magdalena. Es por esto que se emparejó con un muchacho de la universidad y pretendió que su homosexualidad había sido un mero deliz, una exploración de la sexualidad propia de la edad.

Joaquín, su pareja entonces, nunca imaginó que Isadora fuese lesbiana y la ayudó en todo lo que ella le pidió, porque, a pesar de demostrarse como un tipo arrogante y confiado, estaba muy enamorado de Isadora y temía perderla. Ella, por su parte, logró dar con el paradero de Magdalena y tan pronto como la encontró, se deshizo del muchacho, dejándole el corazón roto.

El día del encuentro fue mágico. Tras un año de separación, volverse a encontrar fue una experiencia que les llenó de júbilo. Allí, ocultas bajo el amparo protector del cerro San Cristóbal, testigo de muchos amores y desamores urbanos, se confesaron ese amor que traían consigo desde hacía tanto tiempo. El saberse correspondidas era algo impensable para ambas, pero al pasar los minutos, la idea no parecía tan descabellada, todo lo contrario, era maravillosa.

Permanecieron abrazadas por más de media hora. Ni Isadora ni Magdalena se querían despegar. Magdalena disfrutaba del exquisito olor a violetas de Isadora y esta, por su parte, se estremecía con el contacto de la suave piel de Magdalena. Tantas veces habían soñado con aquel momento. ¿Cómo sería? se preguntaban. Ya no había que seguir imaginándoselo: Ellas se amaban y nada podía importar más.

Estaban allí, abrazadas, disfrutando el calor de la otra, sintiendo deseos de algo más. Al separarse, sus rostros quedaron muy cerca, a sólo centímetros y la tensión era evidente. Se miraron fijamente a los ojos, sonríeron. Magdalena, tan suavemente como pudo, posó su mano en el mentón de Isadora, mientras que con la otra mano tomaba su espalda y la acercaba a sí. Muy lentamente, acercaron sus labios. 'Isa, ¿te acuerdas ese día en tu casa, cuando me insinuaste que debíamos ensayar nuestro primer beso juntas?', 'Sí, lo recuerdo perfectamente', 'Bueno, ese beso siempre te lo quise dar'.

Se besaron.
Fue suave, armonioso. Nadie las juzgaba, nada las apuraba. Se besaron tanto como quisieron. Jugaron con sus labios, sus lenguas. El olor de sus bocas les resultaba hipnotizante y se dejaron llevar por las emociones. Ya nada las separaría, ya nada les importaba. Se amaban y al carajo el resto, sus reproches y sermones de moralidad.

Dicen que en la guerra y en el amor todo se puede... Ellas ganaron su guerra, ellas viven su propio amor.

¿Y quién cree tener el derecho de negarle a otra persona el poder amar?, ¿Acaso...tú?.

9 de octubre de 2011

Isa y Magda (Parte Segunda)



No confío en los diarios de vida, los de papel y cartón, a esos me refiero. No luego del embrollo en que me metí por escribir sin censuras algo tan delicado.
Con la plata de la mesada, fui juntando de a poco hasta comprarme mi propio computador y como la Cecilia, mi madre, no sabe usar uno de estos, ni se enterará lo que escribo aquí.

Me da una lata enorme tener que andar escondiendo lo que siento, pero mi familia no está preparada para una noticia como esta.

Como sea, dejaré de escribir cosas tristes, porque hoy ha sido un día muy lindo y no quiero echarlo a perder.

Hace tiempo que venía arrastrando la idea de reencontrarme con la Magdalena. En parte por la prohibición que me impusieron mis padres de no verla más y, en gran medida, porque la extrañaba mucho.

Con la Magda somos amigas desde hace muchos años y le tengo un cariño enorme... y mucho más que eso. Es divertido recordar aquel primer día en el Liceo de Mujeres, cuando la Magda llegó a mi lado y me preguntó si se podía sentar en el banco de enjunto. Esa fue la primera vez que nos vimos. Se sentó conmigo y me metió conversa. Me pareció muy agradable, porque fue la primera persona que se interesó en hablarme. Creo que ambas nos sentíamos incómodas de estar en un lugar extraño, pero teniendo una aliada, ya la cosa se hace más llevadera.
Recuerdo a la Magda con su largo cabello crespo, negro, hermoso; su piel blanca y sus ojos marrones. Era un tanto más alta que yo y de contextura gruesa. Le gustaba andar con el pelo suelto, sus rizos salvajes le daban un aire imponente, proyectando una seguridad en sí misma que se confirmaba con sus cautivadores ojos marrones almendrados, pero con una gota de delicadeza y feminidad en sus labios alegres.
Ahora que lo pienso mejor, ella siempre estuvo a mi lado y nunca necesitamos de más amigas, porque todo lo que queríamos, lo encontrabamos en la otra.

Nos llevabamos muy bien, la química entre las dos se dio al instante, Dios sabe porqué. Yo le di mi amistad y ella me dio la de ella sin condiciones. Llegamos a ser tan unidas, que en un momento perdí la noción entre el cariño de amiga y la de algo más.

Un día, creo que para cuando estabamos en octavo básico, estando en mi casa, encerradas en mi pieza, estabamos hablando sobre muchachos por primera vez. No entendíamos esa conexión entre chicos y chicas. Nos acostumbramos tanto a estar entre mujeres, que la interacción con el sexo opuesto era más que nula. En fin, estabamos las dos enfrascadas en una conversación, imaginando qué sería estar con un chico, pero no podíamos llegar a ninguna conclusión. La Magda me dijo que ella quería conocer a alguien solo para poder dar su primer beso y saber qué se siente el amor. Yo la miraba fijo y de repente se me ocurrió decirle que practicaramos juntas, pero antes de decir nada me reproché a mí misma, ¿cómo se me ocurría pensar en besar a una mujer?, porque eso no era normal... ¿o sí?
Fue ahí, mirando los suaves labios de Magdalena, supe que ella me gustaba. No le dije nada, porque tenía miedo que le diera asco que a una mujer le gustara otra y ya no quisiera ser más mi amiga.

Después de ese episodio, comencé un diario de vida para poder escribir todos esos nuevos sentimientos que iba viviendo. Todas las páginas hablaban de Magdalena, de lo hermosa que era, de las ganas que tenía de besarla, de que no sabía hasta dónde podría llegar una atracción como esa, pero que no quería perderla nunca. Era tan fuerte la atracción, que la invitaba a mi casa a pijamadas, sólo para dormir con ella y abrazarla disimuladamente por la noche y poder oler su pelo.

Un mal día, mi madre entró a mi pieza y sacó mi diario de vida mientras yo estaba en el liceo. Allí se enteró de todo y quedó más que horrorizada. Supo que su hija era lesbiana y eso no lo iba a tolerar. Cuando llegué ese día a la casa, mis padres me esperaban en el 'living' y me increparon. Me preguntaron si todo lo que salía en mi diario era verdad y yo, cansada de esconder mis sentimientos, les dije que sí, que amaba a Magdalena, pero que nunca había pasado nada entre nosotras. Mi padre me abofetió y me dijo que era una inmunda y que me olvidara de ella, porque desde ahí en adelante, tenía pohibido acercarme a ella.
Como ellos ya venían arrastrando problemas en su matrimonio, decidieron separarse y, para protegerme y no ser encontrada por la Magda, mi padre me obligó a irme a vivir con él a Providencia y contrató un guardaespaldas para vigilarme todo el tiempo.

Así pasó un año, y mientras yo estudiaba diseño, conocí a un muchacho de mi universidad. Él me miraba siempre y se acercó a mí para invitarme a un café. Salimos un par de veces y como vi que se interesó por mí, creé un plan para alejar las sospechas de mis padres y que me dejaran tranquila. Acepté pololear con Joaquín, y lo presenté en la casa. Mi madre, fascinada, empezó de a poco a soltar la cuerda y era más permisiva conmigo. Ahí, junto con la ayuda de Joaquín, pude dar con el número de la Magda. Quería llamarla y salir una tarde con ella, sólo para poder encontrar un poco de paz. Extrañaba el olor de su cabello.

A los pocos días de haber dado con el paradero de la Madga, terminé con Joaquín porque cada día se ponía más engreído, que se las sabía todas por libro y lo único quería era acostarse conmigo. Yo le dije que no mil veces y sólo por mantenerlo a mi lado y cumplir mis propósitos, le daba besos, pero no me gustaba. A veces me sentía una prostituta por lo que hacía, pero todo era para estar con la Magda, auque fuera una última vez.

Desde un teléfono público la llamé:

-¿Magda?
-Sí, con ella.
-Hola, Magda, soy yo, ¡Isadora!

Hubo un silencio. ¿Y si me había olvidado? ¡Me muero!

-¿Isa? ¡No lo puedo creer!
-¡Créelo, galla! Oye, te llamaba para raptarte mañana. Sí o sí nos tenemos que ver. ¡Tengo mil cosas que contarte!
-Obvio que sí. Tú dime dónde y a qué hora y yo aparezco.

La fui a buscar a la boletería del metro Baquedano y apenas la vi, corrí a abrazarla y ella hizo lo mismo. Vi en sus ojos la emoción, estaba toda roja, se veía demasiado tierna. Gritamos, brincamos y nos volvíamos a abrazar. Me daban cosquillitas en el estómago cada vez que ella me miraba.

Nos tomamos por el brazo y fuimos camimando hasta el San Cristóbal. Me preguntó por las cosas que había hecho, cómo había estado, etc. Y le dije todo lo que me había pasado, obviamente omitiendo algunos detalles.

Nos refugiamos en Jardín Botánico y la llevé a un lugar apartado, privado, donde la tuviera sólo para mí. Nos recostamos a mirar el cielo y yo me sentía muy feliz, de tenerla allí, tan cerca, tan accesible, después de un año agónico en que habíamos estado alejadas.


No habló de ella. No le pregunté tampoco, porque ya lo sabía todo. Conseguí su Blog y leí todo lo que debía saber. Ella había entrado a estudiar a una Academia de Arte y se pasaba las tardes encerrada en su pieza pintando o haciendo alguna escultura. Siempre fue dada a la manualidad. Una vez me hizo un retrato y aún lo tengo colgado y enmarcado en mi pieza. Seguía viviendo donde mismo, con sus padres. No había tenido novio, pero sí hubo un muchacho que la prentendió. No tenía amigos. Era una ermitaña. Era ella y su arte.

Sabía que su pregunta llegaría en cualquier momento.

-¿Porqué estuvimos separadas tanto tiempo?-
-No lo sé. Creí que tus estudios te quitaban mucho tiempo- le contesté a modo de excusa.
-Pero nunca llamaste, hasta ayer. Yo intenté llamarte a la casa, pero como no sabía que te mudarías, nunca di contigo.

Supe que tenía que contarle todo y me dio mucha pena. Tarde o temprano tendría que confesar.

-Pucha, Magda, si te lo digo, te puedes enojar.
-No creo, dímelo, si nosotras nos contamos todo, ¿no?
-Sí, es verdad... Mi mamá me había prohibido juntarme contigo.
-¿Porqué?- me miró horrorizada.
-¡Pero no me mires así! si yo no quería... Tú eras... y yo... mi madre supo... y...- No aguanté la pena y me puse a llorar. Ella me abrazó con tanto cariño, como queriéndome consolar. Me pasó su pañuelito y me limpié las lágrimas.

-¿Qué pasó, Isa?- Insistió
-¡Prométeme que no te vas a enojar!
-¡Te lo prometo!
-¡Y prométeme que no dejarás de ser mi amiga, porque yo me muero!
-Te lo prometo, Isa, te lo prometo con todo mi corazón.

Me acerqué a ella, porque no podía evitar las ganas de confesarle que la amaba y que quería darle ese beso que muchas noches había anhelado.

-Madga, mi mamá leyó mi diario de vida a espaldas mías y se enteró de algo que no le gustó para nada.
-Ya. ¿Y puedo saber qué era?

La miré fijo y tomé su carita hermosa con una mano. Confesé.


-Me gustas. De eso se enteró.

Quedó muda y el mundo se me vino encima. ¡Ella ya no me querrá más! ¿Qué haré si ella no acepta mis sentimientos? Moriré.

-¡Magda, reacciona!, oye, ¿te enojaste?
-¿Ah? eh, no, o sea... no, Isa... Yo...

La abracé. No pude evitar el contacto, la cercanía que tanto deseaba y me aferré a su cuerpo, a su calor, a su piel suave, como si no fuera a soltarla jamás.

-Me has gustado siempre, desde que nos conocimos...- le dije al oído, con una desesperación que no me conocía. Continué. - ...y yo escribía todos los días de ti en mi diario. Mi madre, extrañada por que yo no le hablaba sobre muchachos y sólo hablaba de ti, sacó mi diario a hurtadillas y confirmó sus sospechas. Su indignación fue tanta que se lo contó a mi padre y ambos decidieron que debía alejarme de ti, porque no podían tener una hija lesbiana. Creyeron que alejándome de ti, a mí se me pasaría este amor, pero no lo lograron. Yo siempre te he querido, nunca he dejado de pensar en ti, ¡y todo este tiempo lejos ha sido una tortura! Pero ya no más. No soy una niña y he decidido asumir mis sentimientos. Te quiero, Magda, te quiero más que una simple amiga y te querré aunque tú no sientas lo mismo...
-Isa...
-... Espero que no te enojes conmigo. ¡Tú me lo prometiste! No puedes enojarte conmigo, porque yo me moriría si me dejaras sola por lo que te he contado...
-Isa...
-... y no quiero volver a perderte.
-Isa, ¡escúchame!

Yo no hacía más que llorar. No quería perderla y en ese punto, creía que todo se había acabado. Sin ella, mi vida no tenía sentido. Es todo mi mundo, mi gran amor.

-Isa, nunca voy a dejarte, ¿me oyes? ¿Cómo voy a dejarte, si yo siempre te he querido?, ¿Cómo voy a enojarme, si es lo más hermoso que me has dicho en la vida? ¡Isadora, tú me gustas desde siempre!

No podía creer lo que escuchaba. De pronto, un calorcito me recorrió el cuerpo y una sensación de alivio se apoderó de mí.

-¿De verdad?-
-¡Claro que sí, tontita! Eres lo más lindo que he visto en la vida. Yo estoy enamorada de ti...


Nos abrazamos. Fue un abrazo largo y yo estaba en las nubes. Si ambas nos gustabamos, ya nada podrá separarnos. Ni siquiera mis padres. Yo lucharé para estar juntas toda la vida, porque la amo, la amo con todo mi corazón. ¡Soy tan feliz!

Luego de nuestro abrazo, tomé su manito y sin decirle nada, le pedí que me hiciera cariño. Necesitaba sentirla cerca, toda mía y ella se acercó a mí y me dió un tierno beso en la mejilla.

Ya no me importaba nada más. Quería besarla.

3 de octubre de 2011

Isa y Magda (Parte Primera)


Agarré un papel roñoso que encontré por allí. Es tan roñoso que nadie se dará cuenta que está escrito y es mejor así, esto nadie puede saberlo.
¡Ayer salí con la Isadora! Hace tanto tiempo que no la veía - la echaba de menos.
Me llamó temprano en la mañana para organizar la salida y yo casi estallé de la emoción.
A Isadora la conocí en el Liceo de niñas, cuando eramos muy jóvenes y permanecimos en ese liceo hasta que nos licenciamos de Cuarto Medio. Eramos amigas inseparables, de esas que hacíamos todo juntas y no hacíamos nada sin consultarle a la otra. Yo nunca le confesé que ella me gustaba.

Desde que la ví, ese primer día de clases, sentí una atracción por ella y no sabía lo que era, porque era muy chica para entenderlo. Ella, con su pelo color caramelo, liso, con trenzas - aún lo recuerdo - sus ojos verdes, sus labios rosados, carita llena de pecas, su delantal cuadrillé azul, sus zapatitos bien lustrados, su bolsón de cuero con un gran listón rojo pegado en una costura; era tan menuda... me provocó ternura. Decidí que ella sería mi amiga y me senté a su lado. Olía tan bien y hasta hoy sigue usando esa agua de colonia de violetas. Desde aquel día, mi vida cambió por siempre.

-¿Magda?
-Sí, con ella.
-Hola, Magda, soy yo, ¡Isadora!

Quedé atónita. No esperaba tal sopresa.

-¿Isa? ¡No lo puedo creer!
-¡Créelo, galla! Oye, te llamaba para raptarte mañana. Sí o sí nos tenemos que ver. ¡Tengo mil cosas que contarte!
-Obvio que sí. Tú dime dónde y a qué hora y yo aparezco.

Nos juntamos en la boletería del metro Baquedano. Apareció por las escaleras que dan a la 'Plaza de los puntuales', toda hermosa, radiante, con su pelo color caramelo y sus pequitas divinas. Corrí a abrazarla y me hundí en su pelo con olor a violetas. No quería soltarla, pero tuve que hacerlo.
La miré por mucho tiempo -espero que no haya notado mi cara de tonta- y ambas gritamos de emoción. La gente nos miró como diciendo 'par de lesas', pero no nos importó, mucho menos a mí que yo estaba en la luna.

La tomé por el brazo, para salir juntas en dirección al Cerro San Cristóbal. El contacto con su piel, tan suave y tersa, hizo que la mía se pusiera de gallina. ¿Seré muy notoria?. Isadora me sonrió -¡hermosa!- y nos fuimos conversando todo el camino. Me contó de lo que había hecho durante el año que no nos habíamos visto: había entrado a estudiar diseño, como siempre lo había soñado; había pololeado con un chico de su universidad -lo odié inmediatamente- pero que luego habían terminado, porque el tipo era un pesado engreído -¡bien!-; se había mudado, de su casa en Ñuñoa a un departamento a Providencia con su padre y que su madre por fin la había dejado fumar tranquila.

Llegamos al Jardín Botánico y nos escondimos entre los árboles y plantas. Encontramos un lindo mirador que daba al sector oriente de la capital y allí la Isa abrió una manta que traía en el bolsón y la tendió en el pasto. Nos recostamos mirando el cielo, yo bien pegada a ella, porque no quería dejarla ir nunca más.

De vez en cuando la Isa cerraba los ojos y yo aprovechaba para mirarla a mis anchas. Sus labios, me provocaban besarlos, rozarlos con la punta de mis dedos, acariciar su pelo y hundir mi cabeza entre sus pequeños pechos.

Yo nunca he tenido pololo. Desde que conocí a la Isa supe que algo raro pasaba conmigo. Me reproché muchas veces esta atracción, porque no era normal, para mí, que me gustara una chica. Tenía tan solo 14 años cuando asumí que prefería una niña que un niño.
Oportunidad de estar con un hombre, he tenido. Cuando entré a la Escuela de Arte, un chico se fijó en mí: Federico. Él trató de conquistarme, a través de lo mejor que sabíamos hacer, la pintura. Su primer retrato en la Escuela fue uno mío, hecho a escondidas mías y para el día que se realizó la exposición, lo presentó, me lo dedicó y me lo regaló. No puedo negar que Fede es buen mozo. Muchas de las chicas de la Escuela andan detrás de él, pero al parecer, el tenía sólo ojos para mí. Me decaró su amor como 5 veces y las 5 veces lo rechacé. Una vez me invitó a leer poesía a la Quinta Normal y me robó mi primer beso. No me gustó. Pronto se dio cuenta que yo no gustaba de los hombres, cuando vió un cuadro mío donde salía una pareja de mujeres besándose y decidió olvidarme.

-¿Porqué estuvimos separadas tanto tiempo?- Le pregunté a la Isa.
-No lo sé. Creí que tus estudios te quitaban mucho tiempo.

Me di vuelta para mirarla completa.

-Pero nunca llamaste, hasta ayer. Yo intenté llamarte a la casa, pero como no sabía que te mudarías, nunca di contigo.

Me miró con cara de culpa y pena.

-Pucha, Magda, si te lo digo, te puedes enojar.
-No creo, dímelo, si nosotras nos contamos todo, ¿no?
-Sí, es verdad.- Hizo una pausa. Con su mano tomó el mechón de pelo que yo tenía en la cara y lo puso suavemente detrás de mi oreja derecha. Creo que enrojecí. -Mi mamá me había prohibido juntarme contigo.
-¿Porqué?- La miré horrorizada.
-¡Pero no me mires así! si yo no quería... Tú eras... y yo... mi madre supo... y...- Se puso a llorar.
La abracé fuertemente y le acaricié su pelo hermoso, luego le extendí mi pañuelo y ella se limpió los ojos.

-¿Qué pasó, Isa?
-¡Prométeme que no te vas a enojar!
-¡Te lo prometo!
-¡Y prométeme que no dejarás de ser mi amiga, porque yo me muero!
-Te lo prometo, Isa, te lo prometo con todo mi corazón.

¿Qué podía haber pasado, para que ella se pusiera así? Pronto lo sabría...

Isadora se acercó a mí, tanto que lo creí irreal, apoyó su cabeza en mi hombro y procedió.

-Madga, mi mamá leyó mi diario de vida a espaldas mías y se enteró de algo que no le gustó para nada.
-Ya. ¿Y puedo saber qué era?

Se incorporó ahora para mirarme fijo y con su mano tomó mi rostro.

-Me gustas. De eso se enteró.

El mundo comenzó a dar vueltas. ¿Era verdad lo que le acababa de decir? o ¿Yo estaba soñando?,¿Yo, gustarle?, ¿YO?. No podía creerlo.

-¡Magda, reacciona!, oye, ¿te enojaste?
-¿Ah? eh, no, o sea... no, Isa... Yo...

Entonces se acercó a mí otra vez y me abrazó fuerte. Sentía sus uñas clavadas en mi espalda y ahí estaba ella, aferrada a mí, como siempre lo había soñado, pero yo no podía creerlo. Era mía.

-Me has gustado siempre, desde que nos conocimos...- me dijo en un susurro - ...y yo escribía todos los días de ti en mi diario. Mi madre, extrañada por que yo no le hablaba sobre muchachos y sólo hablaba de ti, sacó mi diario a hurtadillas y confirmó sus sospechas. Su indignación fue tanta que se lo contó a mi padre y ambos decidieron que debía alejarme de ti, porque no podían tener una hija lesbiana. Creyeron que alejándome de ti, a mí se me pasaría este amor, pero no lo lograron. Yo siempre te he querido, nunca he dejado de pensar en ti, ¡y todo este tiempo lejos ha sido una tortura! Pero ya no más. No soy una niña y he decidido asumir mis sentimientos. Te quiero, Magda, te quiero más que una simple amiga y te querré aunque tú no sientas lo mismo...
-Isa...
-... Espero que no te enojes conmigo. ¡Tú me lo prometiste! No puedes enojarte conmigo, porque yo me moriría si me dejaras sola por lo que te he contado...
-Isa...
-... y no quiero volver a perderte.
-Isa, ¡escúchame!

Ella me miró con sus ojos verdes llenos de lágrimas y haciendo pucherito. Le tomé la cara con mis manos y le sequé sus lagrimones. Se veía tan hermosa...

-Isa, nunca voy a dejarte, ¿me oyes? ¿Cómo voy a dejarte, si yo siempre te he querido?, ¿Cómo voy a enojarme, si es lo más hermoso que me has dicho en la vida? ¡Isadora, tú me gustas desde siempre!
-¿De verdad?- en su boca se esbozó una sonrisa.
-¡Claro que sí, tontita! Eres lo más lindo que he visto en la vida. Yo estoy enamorada de ti...

Nos abrazamos por más de media hora. Creo que ninguna de las dos quería soltarse de la otra. Era una noticia demasiado maravillosa. Por fin podría demostrarle todo el amor que le he tenido todos estos años...

Isadora tomó tímidamente mi mano y la posó en su cara. Le hice cariño, tal como me lo pedía con su bella mirada y le besé lentamente la mejilla...
Sus labios, tan cerca...

24 de septiembre de 2011

Terapia mental


Ahora, su cara como que se borró. En mis sueños aparece, tímidamente, como diciendo 'aquí estoy' y se va. Como un fantasma que quiere ser recordado siempre. Sé que es él, pero su cara no es la que se supone que fuera.
Anoche se me apareció. Bueno, en realidad no. Iba cruzando yo una calle, en dirección a mi casa, y me encontré con un tipo que me metió conversa. Me saludó diciendo que era un amigo de Gabriel y compañero de universidad de mi ex. La verdad es que en la vida real yo nunca conocí a este personaje, ni a la manga de chiquillos pirulos que se aparecieron luego en mi sueño. Típicos chiquillos rubios, altos, con la voz arrastrada, con aire de superioridad, todos de barrio alto que estudian medicina. Me saludaron como si me conocieran de toda la vida, diciendo que extrañaban verme en las reuniones sociales -¡qué estupidez!- pero se veían tristes. Me dijeron que iban a la casa de mi ex, a estudiar o algo parecido. Otro punto a aclarar, es que la casa de mi ex queda mucho más lejos de donde se encuentra mi casa, pero en mi sueño quedaba a unas cuadras y el camino para llegar era el mismo. Cuando iban a doblar por un pasaje, para ir a la casa del susodicho, me miraron extrañados porque no doblé con ellos, como si no supieran lo que había pasado. Me ofrecieron ir con ellos, pero les dije que no y seguí mi camino.

En este punto me detengo, porque me llamó la atención mi entreza al momento de rechazar la invitación. ¿Mi subconciente hablando? Puede ser. Antes era medio escéptica en eso del significado de los sueños y la importancia de ellos, para mí eran simples sueños, como ver la televisión, pero con los ojos cerrados, donde tú eres la protagonista de tu propia telenovela. Sin embargo, desde que conocí a Fabián, no sé porqué ahora me importan en demasía. Quizás tenga la secreta esperanza de que cuando deje de aparecerse, será el día que lo olvide para siempre.
Ahora, otro punto importante es que he soñado con él un par de veces últimamente, pero en cambio a veces anteriores, ya no despierto abrumada o con el día arruinado; es un simple sueño y listo.

Creo que algún día, hasta dejaré de escribir sobre él, pero según mi terapeuta mental, es menester que escriba todo y lo saque de mi ser. No me averguenza escribir de él y que la gente piense que sigo pegada, o hasta que él lea estas líneas y se sienta con el ego en las nubes. Eso da igual.
Estoy feliz escribiendo estas líneas, porque pronto puedo comparar como estaba hace un par de meses, que su recuerdo ocupaba la mayor parte de mis pensamientos y ahora se limitan a muy poco.
Ahora sonrío, vivo mi vida, leo, escribo, toco guitarra - gracias a mi pololo - salgo, disfruto, comparto con mis amigos, mi familia amada, me preocupo de mí, tomo las riendas de mi propia vida y renazco de unas cenizas que me tenían marchita.
Viviendo el duelo, como me dijo el psicólogo de mi pololo. Si no fuera por él, quizás seguiría igual de mal que antes. Él me ha ayudado tanto. Cualquier otro hubiera corrido despavorido, asqueado de una tipa que no ha logrado olvidar un amor y todavía no le cicatriza el corazón roto. Sin embargo, él ha sido mi confidente y me ha aguantado las mil y una pataletas. No sé como lo hace. Yo tengo miedo que se vaya, pero es tan terco, que se queda conmigo y yo se lo agradezco.
Él conoce algunas de mis historias y no me ha juzgado por ellas. A él le preocupa quien soy ahora, no quien fuí.
¿Cómo no quererlo? Me trata como una reina. Él me dijo que nunca nadie me ha tratado de la manera que él me trata, sin aires de creerse superior, porque el narcisismo no le llama la atención, él se conoce bien y conoce de gentes y actitudes y sabe, por mis historias, que la afirmación tiene cabida. Yo no se lo niego, porque es verdad. Sin dejar de lado que hubieron amores que me trataron bien, que fueron dos, quedé muy mal trecha de uno que no fue de los mejores y eso me hizo perder la confianza y pensar mal de los hombres. Sin embargo, Fabián arrasó con todas esas dudas. Él es mi príncipe morado.

Desde mi último episodio de desgracia, que fue hace muy poco, creo haber crecido en mi mejoramiento. Entendí que no puedo deshacerme de su recuerdo de sopletón, que debo dejar que el tiempo y las vivencias llenen mi mente de nuevos recuerdos. No se puede jugar así con la vida. Sin bien es cierto, somos dueños de lo que hacemos o dejamos de hacer, no hay que pasar llevar los planes que tiene Dios para con nosotros. Él tiene un plan especial para mí, como bien me lo ha hecho saber, pero no debo apurar mi destino. Confío en Él y sé que nada malo ha de pasarme si me encomiendo a su voluntad.
Entre tanto, yo seguiré viviendo mi duelo. Dicen que el duelo de un amor que se va es más difícil de superar que la muerte de un ser querido, porque el ser querido se va, pero en el corazón queda que esa persona se fue queriéndote. En el duelo de un amor, la persona se va porque ya no quiere nada contigo y el tormento es peor cuando sabes que puedes buscarlo y encontrarlo sin ninguna dificultad.
Yo estuve mal un buen tiempo, pero gracias a Dios entendí que si él quería irse, pues que se fuera. No tenía intenciones de seguirlo, ni recuperarlo, porque no me correspondía. Si él no quería estar conmigo, no iba a obligarlo. En fin, ya no vale la pena darse vueltas otra vez en ese tema, porque es añejo. Tengo claro lo que hice y lo que no. No me arrepiento de nada, porque de no ser así, no me habría reencontrado con mi Fabián, no habría vivido este amor nuevo, un poco dificultoso de llevar a cabo, pero la lucha por proteger este amor, es mucho más enriquecedor que el motivo de nuestras desavenencias.

Ahora que lo pienso, este es el año en que más he escrito, el que más libros he leído, el que más mal la he pasado emocionamente, pero ha sido el más divertido, porque he reaparecido. Ahora soy la Ximena de hace 5 años, un poco más madura, más curtida, más fuerte a los embates de la vida. Una Ximena que se había perdido, en pos de complacer a un hombre que sólo sabe Dios si lo valoró o no. Eso poco importa ahora. Hoy soy diferente y no he cambiado porque quize, simplemente he incorporado lo que he ido aprendiendo en el camino.

Me gusto ahora. Soy puedo decir que empiezo a ser verdaderamente feliz.


NOTA DE AUTOR: Por exceso al ingreso máximo de caracteres en mi fotolog (www.fotolog.com/kymenah), publico esta entrada acá.

22 de septiembre de 2011

Cama de alquiler





Desnudante,
porque con las manos eres hábil
Allá, refugiados en nuestro motel acostumbrado,
encontramos las reconciliaciones
y nos amamos.

Desnudo,
eres mío
Miro tu cuerpo, tan hombre
Adonis no eres,
para los cánones que la gente tiene arraigados
Para mí eres hermoso, perfecto

Piel morena
piernas gruesas
velludas
abdómen abultado
brazos firmes, fuertes
sexo generoso
trasero redondo
espalda ancha
pies grandes, suficientes
cadera recta, proporcional
hombros apaisados
cabellera embrollada, larga, curva
ojos pequeños
nariz corta
labios carnosos
dientes separados
lengua rosada, revoltosa

Insaciable a la hora de amar
Tienes sed de caricias eternas
de miradas longevas
de palabras susurradas
de placeres perpetuos
de amor completo

En nuetra cama alquilada
somos uno
fugaces, furtivos,
cómplices
amantes

Deseo complacer tu sed
y dejarte rendido
sin aliento
muestra de todo lo que te quiero
muestra de un amor verdadero
prueba de que mi cuerpo es tuyo
prueba de que nos merecemos
señal de que fuimos hechos
el uno para el otro

18 de septiembre de 2011

Pasajero

Thinking how it used to be,
Does she still remember times like this?...

Sonó la alarma.
Despertó con esa extrañeza de quien sueña con algo o con alguien que no se desea concientemente. Se sentía extraña.
Se incorporó levemente, tratando de recordar cada escena, sin embargo, sin hacer mucho esfuerzo se acordó del asunto principal del sueño, de lo que se trataba y despaviló.
No sabía si catalogarlo como sueño o una broma pesada de su subconsciente.

Prendió el calefon, puso agua en la tetera.
Buscó un par de toallas.
Entró al baño, abrió la llave del agua caliente y se desnudó.
No pudo evitar contemplar su anatomía en aquel espejo, cayendo en cuenta de cómo va cambiando con los años. Se detuvo en cada detalle y reprochó sus imperfecciones.
Tenía más cuerpo del que debía, para alguien de su edad. Los senos comenzaron a descender
desde hacia años, por no haber vestido corpiño entrenador desde que entró en la adolescencia.
Tenía pelos por todos lados. No era muy amiga de la depilación. Le gusta ser más natural.
Se le hacían pequeños hoyuelos en el trasero, claro signo de las bebidas carbonatadas que consumía de mona.
La piel estaba blanca, descuidada, sin un ápice de crema para el cuerpo. Mala hidratación, cero humectación. Se veía reseca, tan ella...
Se metió a la ducha y el chorro de agua caliente que la cubrió, de la cabeza a los pies, la terminó de despavilar completamente. Cuando estaba en el agua se transportaba a otro mundo, al que pertenecía. A veces ella pensaba que en su vida anterior había sido un pez o algún otro animalejo del fondo marino. Su amor por el agua era muy peculiar, casi enfermizo.
Cogió el manojo de cabellos negros que tiene plantado en la cabeza y le aplicó un poco de shampoo y lo frotó enérgicamente, para limpiar cada hebra. Luego tomó la esponja, le vertió jabón de glicerina y se refregó cada cm2 de piel a la vista, queriéndo sacarse la mugre que llevaba dentro, pero era imposible.

Salió de la ducha y se deslizó rápidamente hacia su habitación.
Con calma eligió lo que iba a vestir ese día. Escogió los jeans regalones, esos que ya se estaban deformando por tanto uso; se puso dos pares de calcetines, porque pensaba que mientras mantenga los pies tibios, el resto de cuerpo funciona armónicamente; decidió colocarse la blusa de muselina floreada, la chaqueta de cuerina café, unos aritos artesanales de nacar verde, un collar de cuentas del mismo color, las zapatillas chapulinas, todas rotas por el abuso; el pelo tomado con una traba, unas gotas de agua de colonia por aquí, por allá y un leve toque de lápiz labial.

Cogió su bolsón, registró la cocina por un refrigerio a modo de desayuno y partió. La tetera quedó con el agua caliente. Nunca tuvo intención de prepararse una taza de té.
Prendió un cigarrillo. Era demasiado temprano para fumar, tan temprano que resulta mucho más que inapropiado, sobre todo para una joven de su edad. Eso a ella no le importaba. Eran sus pulmones, su mal aliento, su ropa pasada a humo. Lo demás, al carajo.

En su mente seguían apareciendo las imágenes del aquel sueño. La sola presencia ya le arruinaba el día, pero no iba a dejar abatirse por aquello, sobretodo porque no era real. No debía.

Iba enfrascada en el torbellino de ideas matutinas, imaginando cómo sería aquel día y de cómo podría hacerlo distinto al día anterior. Entre cada bocanada de humo, el estómago se le iba revolviendo. No había comido nada y podría empezarle una fatiga, así que tiró la colilla con furia y la apagó con la puntilla del pie, sintiendo que ese acto no podía ser menos cool y rudo.

Llegó a la parada, donde encontró un puñado de gente con caras ojerosas y con aire de querer volver a la cama. ¿Para dónde irá toda esa gente? Ella se ríe con la idea de que ellos sean los extras de su película.

Tomó la micro y, afortunadamente, encontró un asiento. Cosa rara hoy en día, ya que esta ciudad debe ya bordear los siete millones de personas, si es que no más. Se sentó y de inmediato sacó el libro de turno. Concluyó que eso alejaría los recuerdos de su mente.
Leyó silenciosamente todo el trayecto, sin mirar siquiera si alguien necesitara el asiento que ella ocupaba. No falta la señora con cara de cansancio, de pies hinchados y bolsas repletas de compras domésticas que miran a los sentados como diciendo 'yo lo necesito más que tú'.

Miró por la ventana. Ya era hora de bajarse. Se aproximó a la puerta con gran dificultad, puesto que la micro iba decentemente llena, lo suficiente como para pedir permiso para desplazarse.
Se bajó de la micro, guardó el libro en el bolsón, miró la hora -es temprano- pensó. Sacó otro cigarro y lo encendió. El sueño la había dejado un tanto perturbada y con los nervios intranquilos. Sólo un cigarro podía calmarla por cinco minutos.
Caminó hasta su instituto, mientras miraba a la gente que la rodeaba. Habían unos cuantos escolares que parecían decididos a no asistir a clases, personas vestidas con uniforme para el trabajo, un atuendo semi formal, como ahora se usa tanto; abuelitas que quien sabe dónde iban a esas tempranas horas de la madrugada, uno que otro quiltro vagabundo y los choferes de autos rabiosos, apurados por llegar a destino.
Cruzó la gran 'Alameda de las Delicias' por el paso demarcado, caminó por calle Namur y a mano derecha se encontró con el instituto. Subió los cinco pisos, casi sin respiración, y entró a la sala que le correspondía. Algunas de sus compañeras ya había llegado. Las saludó cortesmente y se sentó al lado de la ventana. Habían veces en que la clase era muy latera para ella y su mejor distractor era mirar por aquella ventana. Desde allí podía ver a la gente transitar por la calle Estados Unidos, ver pasar a los cinco poodles -cuatro blancos y uno negro- que pasean sueltos junto a su amo; veía los edificios y sus techumbres, las ramas de los árboles moverse al compás del viento, una que otra paloma posarse en las lámparas de los postes, la antena de la Radio del edificio de enfrente, el patio lleno de vehículos de la Cámara de Comercio, el cielo poniente de la contaminada ciudad.

La clase pasó sin pena ni gloria. Unos cuantos ejercicios, los cuales ella resolvió todos a la mitad. Su mente estaba perdida en otro punto de la capital.
La profesora se despidió amablemente y abandonó la sala. Sus compañeras se aprontaban a salir. Sería una tarde extenuante.

A eso de las cinco y pico de la tarde estuvo libre para regresar a su casa. Caminó acompañada por sus compañeras al paradero de la micro. En el camino pasaron por el quiosco a comprarse una golosina.
No pudo evitar mirar cada auto que esperaba la luz verde en la calle Irene Morales. ¿Para qué lo hacía? Era muy poco probable de encontrárselo de nuevo allí. Se reprochó por ser tan tonta y siguió su camino.
Otra vez, el paradero repleto de gente que, posiblemente, retornaran a sus casas. Se veían más cansados que en la mañana, deseosos de llegar a destino. Pasó la micro vacía y el mogollón de gente se avalanzó a la puerta para poder entrar y asegurarse un asiento, el cual no ofrecerían con la excusa de ir durmiendo. Ella se coloca en un punto estratégico. Si bien no demuestra interés por irse sentada, sí se preocupa de coger el asiento de su preferencia, así que ella calcula las distancias del paradero, el número de gente que se subirá, la frecuencia de los recorridos, los turnos del semáforo, etc.
Consiguió ese puesto que a ella le gusta, segunda puerta a la derecha, asiento a la ventana. Esta vez el plan era la música. Sacó su mp3 del bolsón, lo encendió, se colocó los audífonos y seleccionó una canción.
Esas canciones. Ella sabía que no le hacían bien. Volvían a su mente los recuerdos. Esas canciones que escucharon una vez juntos. Las que él le dedicó, las que ella le dedicó a él, las canciones con las que rieron, con las que soñaron, las que cantaron juntos.
Ella las iba cantando mentalmente, recordando, extrañando. Miraba las calles y cada rincón le traía un recuerdo. Se preguntaba dónde estaría, con quién, qué estaría haciendo, ¿la extrañaría?.
Llegó a su destino. Cruzó unas cuantas calles, se metió por unos pasajes, saludo unos cuantos vecinos, sacó las llaves de su casa y entró. Se fue directo a su pieza. Se deshizo de todas aquellas cosas que le estorbaban: el bolsón, la chaqueta, los aritos, el collar de cuentas, las chapulinas y se tiró en su pequeña cama de una plaza.
Cerró los ojos.
Escuchaba las voces de su pensamiento, ideas incoherentes, vagas, pero lo peor eran las imágenes. Lo veía a él, ese último día, cuando abrazados en su cama se despidió de ella, mientras ella le mojaba el polerón con lagrimones. Él la abrazaba fuertemente, ella lo olía por última vez. El mundo se le había derrumbado.
En la mesa a la hora de la once, con los ojos llorosos y el mentón que le tiritaba. Él le ofreció hacerle un pan, ella no quizo comer nada. Los padres de él la miraban extrañados. La madre la miró y le preguntó que porqué tan tirste. Ella la miró con ojos de sufrimiento y no tuvo que preguntar más.
Se ofreció a ir a dejarla y partieron. Él cometió el error de poner esa canción en el reproductor del auto: -Sweet euphoria, mine is the heart you own... - aquella que él le había dedicado cuando recién se habían emparejado. Ella lloró con un dolor que podría haber desarmado a cualquiera.

Pasaron horas, no sabe cuantas, en las que ella permaneció tirada en cama, invocando la memoria de quien ya no estaba cerca. La pieza estaba oscura, ningún sonido violaba tal tanquilidad.
Se sacó toda la ropa y desnuda se metió a la cama. Rezó. Le pidió a Dios que la ayudara a olvidarlo. Rezó tanto que no se dió cuenta cuando ya estaba dormida, en pocisión fetal, con una lágrima en la mejilla.
Esa noche, él también la fue a visitar.

Yo sólo quiero que recuerdes eso, que fui un pasajero, allá entre tus sueños...
Fue la última canción que él le dedicó.

Esa fue su maldición.

14 de septiembre de 2011

Óscar Prado


En la solapa de la camisa llevaba el pañuelo.
En la cara, llena de surcos, tenía
los nombres de todas su vivencias.
Las manos las tenía deformes, por el oficio,
yo a veces creía que era un gorila,
porque tenía el pulgar medio raro.
La gente podría creer que era un viejo débil,
pero su carácter, su vozarrón y su increíble fuerza,
labrada con sus años como carpintero hábil,
quitaban cualquier mínima duda.
Era viejo mañoso. Orgulloso.
¡El Tango al despertar! Él en su taller.
El desayuno con su mujer a las 7 de la mañana.
El furgón y luego el 'Delorean'.
Emmett... Se parecía el viejo.
Ese viaje a Caleta Tunquén,
Me hizo llorar. Caminamos tanto...
pero la vista fue hermosa.

Se le abría la llave al comer
y el salero no podía faltar en su mesa.

Las excursiones llenaron mi infantil mente de aventuras. Él nos guiaba.
Era viejo sabio. De esos, no sé si aún quedan.

'El cuarto' estaba lleno de herramientas
de todos los tipos, hasta los más impensados.
Podía pasar horas intruseando.

Lamento no tener recuerdos de mi más tierna infancia,
apenas nacida, que por causas del destino,
llegué a vivir a su casa cuando aún no me destetaban.

Hay fotos nuestras. La más linda, en el comedor.
Cuando me marche, la llevaré conmigo.

Viejo, te extraño.
Quisiera haber compartido más contigo, haberte conocido aún más.
Haberte abrazado fuerte, ese último día, decirte que
te quería y que te sigo queriendo mucho y que siempre me harás falta,
mas la verguenza me detuvo.
Fuiste el único abuelo que cumplió su rol como tal,
sin llevar tu sangre en las venas, ni ser pariente mío.

No puedo evitar llorar con estas líneas...
Ni hacerme la fuerte escuchando un Tango.

Extraño verte. Correr y abrazarte y gritarte: ¡TATA!

Me costó un mundo volver a tu casa después de tu partida, pero mañana voy a verte, viejito, al Quisco.

Desde el cielo, cuídame, cuida a mi familia,
a la tuya y, sobre todo, cuida a la viejita.

Y gracias,
por todo lo que vivimos juntos.


Hasta pronto, Tata Óscar.

http://www.youtube.com/watch?v=I5JQ1m3mxKw

15 de agosto de 2011

Mi hombre


He conocido un hombre
¡Y qué hombre es el que he conocido!
No hay hombre que se le parezca, no.
Este hombre, este hombre es mío
Mi cuerpo, mi piel, mi mente y corazón lo han reconocido
y al más leve contacto
desea una fusión.

Mi hombre es analítico
nació con una sed por la sabiduría
tiene una mente curiosa
nada se le esapa
o quizás muy poco
todo lo piensa
todo lo ve
todo lo quiere saber
todo lo quiere comprender.

Mi hombre es tierno
en la intimidad se deshace en cariños
y siempre tiene una palabra dulce en los labios
una frase encantadora
que me hacer rendir a sus pies
que me enamora
Le encantan los abrazos
y su debilidad son mis besos,
mi sonrisa.
Puede parecer un hombre serio
hasta frío
pero de eso tiene muy poco
porque cuando lo tengo entre mis brazos
se vuelve un niño.

Mi hombre es alegre
a veces sin que lo note
tiene la talla a en la punta de la lengua
y todo le parece gracioso
Le gusta reirse harto
para desestresarse
Me encanta cuando al reír
se tape la boca con la mano.

Mi hombre es apasionado y fogoso
nunca se cansa de mi cuerpo
y siempre me quiere amar
Siempre está dispuesto
en cualquier momento
en cualquier lugar
Sus manos me recorren
me rodea con su aliento
su cuepo encendido
hecho para darme placer
En los actos amatorios es insaciable
y eso me enloquece
Fuimos hecho el uno para el otro.

Mi hombre es de piel morena,
pelo largo, castaño,
con unos crespos hermosos,
entradito en carnes como tanto me gusta,
de tronco corto y piernas largas
se mueve chistoso al caminar,
su voz es característica
y a veces me canta canciones al pasear,
su aroma es exquisito
nada mejor que el olor de su piel
el olor de sus labios cuando lo beso
el olor a hombre,
mi hombre.

En sus ojos se oculta una pena
y a veces, el corazón se le transforma en una roca,
le cuesta demostrar todo lo que siente
y sólo una vez lo escuché llorar.
Estudia Psicología para entenderse.
Escucha música oscura
algunas sexonas, como él,
es desordenado, lo sé.
Lleva siempre puesto el pañuelo que le regalé
y no tiene miedo de decirle a todo el mundo quién se lo dio.
Cuando llegamos tarde a la casa, siempre me pasa a dejar
aunque eso implique irse sólo a las tantas a su casa.
No le gusta dormir en casa ajena,
ni menos con ropa.
Le gusta el café batido,
como el que hacía su mamá.
Le gusta comer
eso no lo niega,
dice que estaremos gorditos de amor
y no le importa si mi físico crece un poquitito.
Gusta de las mujeres grandes,
caderas anchas
y hermosa voz al cantar.

Extraña a su madre, pero no me lo dice.
Vive como ermitaño en su casa,
pero en mi casa le gusta compartir.
Se siente acogido, creo.
Trato que se sienta en familia.

Le gusta la Psicomágia,
componer música,
tocar la guitarra,
jugar WOW,
escribir sus sentimientos en el Fotolog,
el Twitter casi ni lo ocupa
y su Facebook está plagado de posteos míos.

Es celoso,
sí, mucho,
pero ya no quiere serlo.
No me molesta,
es más,
me provoca ternura.

Me quiere sólo para él
y le encanta que lo cuide.
Desea compartir su vida conmigo
y le gusta la idea de tener hijos.

Su sueño es tener una gran familia,
unida,
con una mujer que lo ame, lo cuide y lo respete.
Disfrutar de sus hijos y educarlos bien, darles mucho amor.
Él quiere ser feliz.

Yo quiero ser feliz con él.








11 de agosto de 2011