30 de septiembre de 2012

La Incrédula







¿Y en qué puedo creer?
Ni sapos, ni ratones...
Cuando el color de tus ojos
se asoma por los rincones.
De esta cama deshecha
y mis sábanas roídas
del olor de los poros
y una lágrima esquiva.
Si el mundo se detiene
a mí ya no me importa
Yo tomo una olla
junto con la cacerola.
Que tenía los ojos marchitos
las mejillas ojerosas
sus labios desabridos
pronunciaban una oda.
Con la daga escondida
y mi pecho descubierto
de una espalda desprotegida
y de mi grito al viento.
¿Dónde está perdida?
Esa fe que se tenía
el amor enardecido
por la sangre hervida
El son de tu baile
retozar junto a la cocinilla
el enredo de tu pelo
mi olor a margaritas
Yo estaba
era
contigo
Ya no somos
creo
¿Y en quién creo yo ahora?